Primer Internado ( Capitulo 5)
Cuando llegué al aeropuerto en Guatemala, me tocó viajar con un grupo que venía a completar misión por una semana, quienes solamente Dios sabía la conexión que iba a tener con ellos. Tan pronto nos montamos en el vehículo comenzaron las conversaciones, entre risas y bromas como si los hubiera conocido de mucho tiempo. Dios siempre coloca gente en tu camino para bendecir tu vida y viceversa; aunque nos topamos con personas que pueden ser un poco difícil, pero es donde el Señor nos ayuda a confiar en Él más y más .
Esa semana estuve compartiendo con ese grupo lindo del estado de Maryland, USA. Llevaron cánticos, juegos y diferentes actividades al Ministerio de los abuelitos y los niños de “Happy Tummies”, además de las visitas al hogar. Cuando llegó el viernes, era el día de despedirme de este grupo y pues... ¡Sí, lloré! Las despedidas a veces son difíciles ya que, uno no sabe el futuro, si los volveremos a ver.
Luego de esa primera semana como interna, comencé a realizar algunas tareas para el Ministerio de los abuelitos y “Happy Tummies”, en las mañanas iba y revisaba a los abuelitos, creando un expediente para cada uno de ellos y en las tardes, realizaba la misma tarea con los niños. Sin pensarlo, ya estaba creando vínculos de amor con ellos. En “Happy Tummies” me notificaron que había uno de los niños enfermos en el hogar, si podía ir a visitarlo; inmediatamente fui a la farmacia a buscar materiales y medicamentos para realizar la visita y estar preparada para poder intervenir.
Una vez preparé mi bulto (mochila) fui de camino para la casa, pero mientras caminaba en aquel camino de tierra polvorienta me detuve, levanté mi rostro y miré hacia la montaña que me quedaba de frente, fue ahí donde sentí algo súper especial en mi corazón, esta sensación, la misma que experimento, mientras estoy escribiendo estas partes me da sentimiento. Suspiré y luego bajé mi rostro y miré la mano que cargaba parte de los medicamentos y dije en mi mente : ¡Padre! Encontré lo que me hace feliz ¡Soy feliz! Ahí fue donde entendí que ni el dinero ni las comodidades que yo buscaba iban a reemplazar esa felicidad que era la que buscaba. Servir a los demás ¡en el nombre de Jesús! Es lo que realmente llena mi vida y me hace sentir en plenitud.
Amigo, no esta mal soñar y tener metas en tu vida, pero no olvides incluir a Dios en ellas, la clave es sentir paz en lo que hagas. A mí me tomó un viaje a otro país, para regresar a los pies de mi maestro Jesús, si aún no has dado ese paso de fe o simplemente te alejaste por diferentes razones. Es hora de regresar a los pies de Jesús no esperes más, nada es perfecto en esta vida no esperes que las cosas mejoren para volver a sus caminos. Detente, mira al cielo y dile “aquí estoy necesito tu paz y amor, perdóname “.

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